El debate sobre la conveniencia o inconveniencia de que los plásticos sean degradables está presente en diferentes ámbitos y los principales argumentos a favor y en contra se refieren más a consideraciones particulares que respaldan los intereses de cada parte. Reflexiones quiere apartarse por un momento de dicho debate y analizar la degradación desde un punto de vista diferente: su naturaleza misma y su pertinencia como instrumento para abordar la problemática ambiental que aqueja a nuestra sociedad.
Según varios diccionarios , , degradar tiene múltiples significados: 1) Privar a alguien de las dignidades, honores, empleos y privilegios que tiene. 2) Reducir o desgastar las cualidades inherentes a alguien o algo. 3) Humillar, rebajar, envilecer. 4) Pint. Disminuir el tamaño y viveza del color de las figuras de un cuadro, según la distancia a que se suponen colocadas. 5) Quím. Transformar una sustancia compleja en otra de constitución más sencilla. 6) Pasar algo de un grado o clase más alto a uno menor o más bajo. 7) Afectar o reducir alguna de las propiedades físicas de algo y 8) Desgastar mediante la erosión.
Degradación, es decir, la acción de degradar es sinónimo de envilecimiento, degeneración, desvalorización, humillación, bajeza, enviciamiento, destitución, deposición, postergación, erosión y exoneración. Sus antónimos son dignificación, ennoblecimiento, ascenso, mejora, ensalzamiento y revalorización.
En el terreno ambiental, la noción más importante acerca de la degradación se refiere a la degradación del medio ambiente que, de acuerdo al Panel de Alto Nivel de Naciones Unidas reunido a finales de 2004, es una de las seis grandes amenazas que enfrenta la humanidad. Se define como el deterioro del medio ambiente a través de la reducción o el agotamiento de recursos como el aire, el agua y el suelo, la destrucción de los ecosistemas y la extinción de la vida silvestre . Por lo tanto, forma parte de un conflicto social y no solo de una relación técnica de los procesos y productos con los sistemas naturales.
Las coincidencias en que la degradación del medio ambiente es una realidad son bastantes y más que suficientes. Sin embargo, las divergencias respecto de si es un fenómeno cuya solución está en el campo de las tecnologías o de la sociología son tantas que hay necesidad de explorar cada uno de los paradigmas propuestos desde una óptica más integrada y desde los conceptos que están detrás de ellos.
Desde la óptica sociológica el asunto es más complejo. Ulrich Beck apunta que en la sociedad actual somos hijos de la libertad y de la autorrealización y aunque estamos mejor adaptados al futuro nos vemos más obligados a considerarlo como una amenaza y no como un refugio. Los conflictos de la sociedad actual se enmarcan en una manera diferente y nueva de vernos a nosotros mismos y a los demás, son resultado de sentirnos expuestos a riesgos (económicos, políticos, de seguridad, ambientales o incluso afectivos) y a la incertidumbre acerca de sus efectos en nuestra cotidianeidad.
El conflicto ecológico de la sociedad, según Beck, es de carácter más cultural que físico. Lo que la gente está dispuesta o no a aceptar no se deriva de ningún diagnóstico técnico o ecológico de los peligros sino de lo que resulte del diálogo global entre culturas pues la escala y urgencia de la crisis ecológica varía conforme a las percepciones y evaluaciones que hay dentro de una misma cultura y entre culturas diferentes
.Agrega Beck que “los intentos de utilizar la naturaleza como bandera contra su propia destrucción se basan en una falacia naturalista” que “invoca una naturaleza que ya no existe” puesto que ha sido modificada por la propia sociedad. De ahí que la ecología, según Beck, se haya convertido en un concepto bastante vago, donde todo el mundo da una respuesta diferente a la pregunta de qué debe preservarse.
Regresando al significado de los términos, según los diccionarios pareciera quedar claro que degradar no es enaltecer, no es mejorar, como tampoco es revalorizar sino lo contrario. El que se hable de degradación ambiental a tan alto nivel y se haga referencia a esta como la reducción de la calidad y cantidad de los recursos o a la destrucción de ecosistemas o de la vida, hace más difícil pensar en la degradación como un proceso que, de manera inmediata y universal mejore, enaltezca, revalorice o aporte beneficios al medio ambiente. De ahí que, en primera instancia, nos preguntemos lo siguiente:
Más aún, lo apuntado por Beck sobre la dimensión cultural del conflicto ecológico de la sociedad y su relación con la percepción de riesgos y la incertidumbre que los individuos tienen acerca de ellos, da lugar a varias preguntas más.
Las respuestas a estas preguntas debiéramos darlas en un ámbito más amplio que la sola opinión individual. Un debate abierto, plural e informado sería por demás conveniente, haciendo a un lado los argumentos y las posiciones personales o de grupo de modo que las conclusiones respondan más al beneficio de la sociedad que a los intereses particulares.
Invitamos a todos los lectores de estas Reflexiones a iniciar el debate propuesto. Encontrarán nuestro Blog en http://reciclaplastico.org/opina.html.
Atentamente,
Eduardo de la Tijera Coeto
Miembro de reciclaplastico.org
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